¿Corres?

El verano iba más o menos por su mes de abril y corrían por la calle unos treinta y ocho grados. Todos en fila. Ni frío ni calor.

A las diez de la mañana no hay un alma por la calle, o no hay un alma buena, como solía decir mi abuela, ya que todo alma tranquila, a esas horas y en verano, debería estar trabajando o durmiendo.

El portal 3 de la calle Desengaño se abrió de golpe. Salió, demasiado temprano para su gusto, Santi. Diez años.

SANTI: Moreno. Quinto de Primaria. Actualmente estudiando para septiembre. Estado actual, enfadado y dormido. Va a clases de apoyo de matemáticas a la academia de su barrio, Malasaña. O como ya se la conoce entre sus amigos: “Putacademia”

A  la pregunta: ¿Dónde vas tan temprano Santi?, él suele responder: Na, a la Putacademia.

Llega algo tarde a su clase de apoyo. Es un esfuerzo que se debe pagar, según su madre, por haber estado el resto del año “pelando la pava”. Pringar con clases en verano.

El infierno dura hora y media. Luego: Libertad. La libertad que te permite el verano y los amigos que puedas tener o te puedan quedar en estas fechas de “Benidorismo”, “Pueblitis” y otras muchas enfermedades veraniegas que hacen de las ciudades lugares mansos, quietos, practicables.

Todas las mañanas, de lunes a viernes, Santi va a la Putacademia y al salir, a eso de las 11.45 queda con Mario. 11 años.

MARIO: Castaño. Quinto de Primaria. Estrenando los once años con calor. Cumple los años en Julio. No pudo, ni puede, ni podrá repartir nunca chuches en su clase. Estado actual, “enunanube”. Aprobó todas por los pelos. Se libró de la Putacademia.

“Nacer en verano mola tío, estás de vacas”, les dice Mario a todos sus detractores.

Son muy amigos, aunque como en toda relación, uno siempre es más amigo que otro. En este caso, se turnan. Normalmente, y como suele pasar a esas edades, cuando a uno le apetece mucho ser amigo, el otro miembro del binomio está poco receptivo, y vicerversa. Esto no es más que un entrenamiento para el futuro.

De todos modos son bastante amigos. Hasta el punto que ambos se han quedado a dormir en casa del otro. Incluso Mario ha llegado a ir al pueblo de Santi. Villalba. Todo un fin de semana. “Increíblemacho” era la palabra más sonada a la vuelta de Villalba en los pasillos de cole. La cara de envidia del resto, os la podéis imaginar.

La pareja está tramando algo para este verano. La terrible desolación que sufren calles y mercados, está dejando volar su imaginación. Empiezan a juguetear con los robos frágiles, torpes, manazas, patosos y ridículos. “Pues Antúnez le robó tres chicles al chino”. Ese acto, ocurrido en Mayo, desató la epidemia. Hasta ahora, el mayor alijo ha sido: 3 chicles, unos pelotazos, cuatro gelatinas, y en un increíble golpe maestro, un pica-pica de tarrina. Por supuesto, Santi y Mario se han marcado un objetivo: Subir el listón. Cambiar el emplazamiento. Aumentar su Plantilla.

Llevaban días localizando un Kiosco. El Kiosco. Y ya ha sido señalado. Solo queda aumentar su plantilla. Necesitan uno más.

El objetivo: Un paquete de chicles, un kinder, y una revista guarra en un acto de valentía.

“Macho, nos van a pillar” dijo Mario

“Yo ya tengo el verano perdido. A mi me da igual” dijo Santi

“¿Y a quién se lo decimos?” Mario preguntó

Después de esta pregunta, ambos se miraron y pensaron en lo mismo. En los próximos días, el primo de Antúnez llegaba del pueblo a pasar unos días porque sus padres eran temporeros y tenían que ir a Marruecos a recoger no sé qué. Era el aliado perfecto. No era conocido en el barrio, y solo iba a estar en Madrid unos días, porque luego se iba toda la familia de Antúnez al pueblo.

Estaba todo minuciosamente diseñado. “A” distrae al Kiosquero, “B” lleva a cabo el crimen, y “C” esperaba en la calle de al lado para recibir la mercancía y correr como si le llevase el alma el mismísimo diablo.

En el casting de “C”, ya que estaba claro que el trabajo fino lo hacían Mario y Sergio, era imprescindible la carrera veloz como modo de vida. Tan solo se presentó de manera obligada el primo de Antúnez.

Después de que las presentaciones fueran hechas:

“Este es mi primo”

“Hola”

“Hola”

“Hola”

“Hola”

Siguió la conversación. “Na tío, he ido a la putacademia y luego tengo que ir a cuidar a mis abuelos con mi madre”.

No querían decirle nada de nada al primo de Antúnez, ni a él mismo, para que todo fuera espontáneo, rápido, improvisado y adrenalínicamente perfecto.

“¿Qué vamos a hacer esta tarde?” Preguntó el primo de Antúnez

Santi contestó: “¿Corres?”

Primodeantúnez: “¿Qué?”

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